Hupus [MX]
05-05-2008, 02:45 PM
NTX/MC/AJV/DESTACA56
2008-05-05,11:08:00
Por Mary Chávez. Corresponsal de Notimex
Francisco I Madero, Zacatecas, 5 May (Notimex).- Extraer de las entrañas de la tierra el mineral valioso en largas jornadas de 10 horas, sin ver casi el sol, no es fácil y menos cuando se es mujer, cuando se tiene hijos y se es cabeza de familia.
Ese es el trabajo de María Guadalupe Juárez Ortiz, minera zacatecana de 34 años de edad, quien reconoce ante Notimex que fue por curiosidad que decidió entrar a este oficio exclusivo de hombres y cargado de muchos estigmas y mitos, como ese que dice que si una mujer entra a una mina la veta se seca.
"Yo soy de las primeras mujeres que comenzó a trabajar dentro de la mina", recuerda Lupita, como cariñosamente la llaman sus compañeros de trabajo. En ese entonces y con sólo 26 años de edad fue a pedir trabajo por curiosidad, por saber cómo era una mina y qué se hacía dentro de ella.
Desde ese año 2000 cuando la Minera Madero, S.A. de C.V., perteneciente al Grupo Peñoles, abrió sus puertas para que las mujeres ingresaran a trabajar dentro de la mina "ya han pasado muchos ayeres" dice Lupita entre risas, con su inseparable casco y enfundada en su overol.
íAh!. pero también muchas experiencias para esta madre de familia, que hoy maneja un cargador frontal, máquina que pesa 20 toneladas y que en la cuchara moviliza 3.5 toneladas de material en cada movimiento.
"Cuando estoy dentro de la mina trabajando sólo pienso en lo que estoy haciendo y me imagino a dónde va todo ese mineral que extraemos", dice Lupita.
Recuerda también que en sus comienzos como minera primero tuvo a su cargo una máquina scooptram, que se utiliza para llevar el rezago de material a las tolvas; luego fue designada a la superficie donde manejaba una unidad buldozer.
Sin embargo, de nueva cuenta fue devuelta al interior de la mina, a esa inmensa oscuridad, donde con gran agilidad y destreza maneja el cargador frontal.
Con él, arranca a la tierra el zinc, el plomo y el cobre que contiene la gran veta, de esta comunidad donde Guadalupe es una de las 15 mujeres que laboran dentro de la mina y que están a cargo de grandes máquinas, tecnología que permitió su ingreso a ese oficio que en antaño era destinado para los varones.
Actualmente, ellas laboran en las áreas de trituración, despacho de diesel, cuarto de control y almacén.
Las jornadas son largas. Entra a trabajar a las 7 de la mañana y sale a las 5 de la tarde. Apenas si ve sol. Se levanta a las 5:30 de la madrugada para hacer el desayuno de ella y sus hijos de 15 y 14 años de edad. Luego los deja en la parada del camión y se va a trabajar.
Lo primero que hay que hacer llegando a la minera es checar y luego ataviarse con la ropa de trabajo: un overol azul marino, botas, casco, lámpara y cinturón. Son alrededor de seis kilogramos los que carga en equipo de protección personal.
Posteriormente, hay que ir a recoger el pueble, una hoja de trabajo en el que se le especifican las labores que deberá realizar en la jornada diaria y luego… "manos a la obra". A subirse a su gran máquina, en la que ella arranca jirones de roca a la madre tierra.
No hay diferencia alguna entre el trabajo de un minero o de una minera. Ambos contienden en igualdad de circunstancias al operar la maquinaria pesada o despachar diesel.
"Si tuviéramos que competir en fuerza, los compañeros me ganarían, pero en inteligencia y destrezas estamos iguales", alude Lupita mientras que con una risita cómplice agrega: "Quizás en inteligencia hasta les gano".
Comen en los mismos socavones, donde fueron instalados los comedores. No tienen que ir a la superficie, permanecen en el interior de la mina hasta alrededor de las 4:30 de la tarde, en que concluyen las labores y luego suben para bañarse, cambiarse e ir a casa.
No a descansar, aclara la minera, sino a seguir "chambeando", porque hay que hacer la comida del día siguiente, revisar tareas, convivir con los hijos y realizar las labores del hogar.
A pesar de lo peligroso de la actividad minera, en ocho años de trabajo ahí, Lupita nunca ha sufrido ningún accidente, porque siempre cumple los estándares de seguridad, es precavida en sus labores, utiliza el equipo protector y no falta a su trabajo.
Recién divorciada, Lupe acudió a la mina a solicitar el empleo porque era mejor pagada que en la maquila y le quedaba cerca de la comunidad Francisco I Madero, donde viven sus padres, quienes le ayudan a cuidar a sus hijos.
Una anécdota que recuerda es precisamente la de su primer día de labores, cuando, luego del curso de capacitación, ella, junto con un grupo compuesto por 10 hombres y otras tres mujeres, bajaron a la mina a observar la oscuridad envolvente.
"En ese entonces uno de ellos dijo: Si esto es de día ¿cómo será de noche?". El agobio no le permitió al minero ni siquiera terminar de bajar la rampa. El se regresó a la superficie y no se supo más. Guadalupe ya tiene ocho años.
La empresa les proporciona capacitación constante, les da equipo de protección y tiene seguridad laboral, por ello Lupita continúa trabando en la mina, en donde espera verse el resto de su vida productiva.
Empero, su hija preparatoriana e hijo de secundaria, siguiendo su ejemplo, le han externado su deseo de entrar a trabajar un día en la mina, cosa que no le molesta, por el contrario.
Ella les dice que sí lo hagan, pero que estudien, para que no sean sólo colaboradores como ella, porque apenas terminó el segundo grado de secundaria, sino que concluyan una ingeniería y sean profesionistas. Con mejores puestos y salarios, si eso es lo que quieren.
El oficio de minera es una actividad relativamente nueva para las mujeres. Este trabajo requiere vocación, entrega y de muchas habilidades. "Te tiene que gustar!", manifiesta.
Ya no es como antes que se trabajaba con pico y pala y subías a cuestas el mineral, ahora hay equipo, hay tecnología y seguridad. Esto facilita mucho el trabajo, pero sigue siendo difícil, dice la zacatecana.
Se siente orgullosa de ser minera y de contribuir con su esfuerzo a acabar con mitos como la mala suerte que las mujeres supuestamente traen al secar las vetas con su presencia.
Al contrario, agrega, en esta veta cada día se descubren nuevos yacimientos y por ello su vida productiva se ha extendido varios años más. La presencia mía y de mis compañeras les trajo buena suerte, concluye en medio de una sonora carcajada.
2008-05-05,11:08:00
Por Mary Chávez. Corresponsal de Notimex
Francisco I Madero, Zacatecas, 5 May (Notimex).- Extraer de las entrañas de la tierra el mineral valioso en largas jornadas de 10 horas, sin ver casi el sol, no es fácil y menos cuando se es mujer, cuando se tiene hijos y se es cabeza de familia.
Ese es el trabajo de María Guadalupe Juárez Ortiz, minera zacatecana de 34 años de edad, quien reconoce ante Notimex que fue por curiosidad que decidió entrar a este oficio exclusivo de hombres y cargado de muchos estigmas y mitos, como ese que dice que si una mujer entra a una mina la veta se seca.
"Yo soy de las primeras mujeres que comenzó a trabajar dentro de la mina", recuerda Lupita, como cariñosamente la llaman sus compañeros de trabajo. En ese entonces y con sólo 26 años de edad fue a pedir trabajo por curiosidad, por saber cómo era una mina y qué se hacía dentro de ella.
Desde ese año 2000 cuando la Minera Madero, S.A. de C.V., perteneciente al Grupo Peñoles, abrió sus puertas para que las mujeres ingresaran a trabajar dentro de la mina "ya han pasado muchos ayeres" dice Lupita entre risas, con su inseparable casco y enfundada en su overol.
íAh!. pero también muchas experiencias para esta madre de familia, que hoy maneja un cargador frontal, máquina que pesa 20 toneladas y que en la cuchara moviliza 3.5 toneladas de material en cada movimiento.
"Cuando estoy dentro de la mina trabajando sólo pienso en lo que estoy haciendo y me imagino a dónde va todo ese mineral que extraemos", dice Lupita.
Recuerda también que en sus comienzos como minera primero tuvo a su cargo una máquina scooptram, que se utiliza para llevar el rezago de material a las tolvas; luego fue designada a la superficie donde manejaba una unidad buldozer.
Sin embargo, de nueva cuenta fue devuelta al interior de la mina, a esa inmensa oscuridad, donde con gran agilidad y destreza maneja el cargador frontal.
Con él, arranca a la tierra el zinc, el plomo y el cobre que contiene la gran veta, de esta comunidad donde Guadalupe es una de las 15 mujeres que laboran dentro de la mina y que están a cargo de grandes máquinas, tecnología que permitió su ingreso a ese oficio que en antaño era destinado para los varones.
Actualmente, ellas laboran en las áreas de trituración, despacho de diesel, cuarto de control y almacén.
Las jornadas son largas. Entra a trabajar a las 7 de la mañana y sale a las 5 de la tarde. Apenas si ve sol. Se levanta a las 5:30 de la madrugada para hacer el desayuno de ella y sus hijos de 15 y 14 años de edad. Luego los deja en la parada del camión y se va a trabajar.
Lo primero que hay que hacer llegando a la minera es checar y luego ataviarse con la ropa de trabajo: un overol azul marino, botas, casco, lámpara y cinturón. Son alrededor de seis kilogramos los que carga en equipo de protección personal.
Posteriormente, hay que ir a recoger el pueble, una hoja de trabajo en el que se le especifican las labores que deberá realizar en la jornada diaria y luego… "manos a la obra". A subirse a su gran máquina, en la que ella arranca jirones de roca a la madre tierra.
No hay diferencia alguna entre el trabajo de un minero o de una minera. Ambos contienden en igualdad de circunstancias al operar la maquinaria pesada o despachar diesel.
"Si tuviéramos que competir en fuerza, los compañeros me ganarían, pero en inteligencia y destrezas estamos iguales", alude Lupita mientras que con una risita cómplice agrega: "Quizás en inteligencia hasta les gano".
Comen en los mismos socavones, donde fueron instalados los comedores. No tienen que ir a la superficie, permanecen en el interior de la mina hasta alrededor de las 4:30 de la tarde, en que concluyen las labores y luego suben para bañarse, cambiarse e ir a casa.
No a descansar, aclara la minera, sino a seguir "chambeando", porque hay que hacer la comida del día siguiente, revisar tareas, convivir con los hijos y realizar las labores del hogar.
A pesar de lo peligroso de la actividad minera, en ocho años de trabajo ahí, Lupita nunca ha sufrido ningún accidente, porque siempre cumple los estándares de seguridad, es precavida en sus labores, utiliza el equipo protector y no falta a su trabajo.
Recién divorciada, Lupe acudió a la mina a solicitar el empleo porque era mejor pagada que en la maquila y le quedaba cerca de la comunidad Francisco I Madero, donde viven sus padres, quienes le ayudan a cuidar a sus hijos.
Una anécdota que recuerda es precisamente la de su primer día de labores, cuando, luego del curso de capacitación, ella, junto con un grupo compuesto por 10 hombres y otras tres mujeres, bajaron a la mina a observar la oscuridad envolvente.
"En ese entonces uno de ellos dijo: Si esto es de día ¿cómo será de noche?". El agobio no le permitió al minero ni siquiera terminar de bajar la rampa. El se regresó a la superficie y no se supo más. Guadalupe ya tiene ocho años.
La empresa les proporciona capacitación constante, les da equipo de protección y tiene seguridad laboral, por ello Lupita continúa trabando en la mina, en donde espera verse el resto de su vida productiva.
Empero, su hija preparatoriana e hijo de secundaria, siguiendo su ejemplo, le han externado su deseo de entrar a trabajar un día en la mina, cosa que no le molesta, por el contrario.
Ella les dice que sí lo hagan, pero que estudien, para que no sean sólo colaboradores como ella, porque apenas terminó el segundo grado de secundaria, sino que concluyan una ingeniería y sean profesionistas. Con mejores puestos y salarios, si eso es lo que quieren.
El oficio de minera es una actividad relativamente nueva para las mujeres. Este trabajo requiere vocación, entrega y de muchas habilidades. "Te tiene que gustar!", manifiesta.
Ya no es como antes que se trabajaba con pico y pala y subías a cuestas el mineral, ahora hay equipo, hay tecnología y seguridad. Esto facilita mucho el trabajo, pero sigue siendo difícil, dice la zacatecana.
Se siente orgullosa de ser minera y de contribuir con su esfuerzo a acabar con mitos como la mala suerte que las mujeres supuestamente traen al secar las vetas con su presencia.
Al contrario, agrega, en esta veta cada día se descubren nuevos yacimientos y por ello su vida productiva se ha extendido varios años más. La presencia mía y de mis compañeras les trajo buena suerte, concluye en medio de una sonora carcajada.